domingo, 8 de diciembre de 2013

29 de octubre, Pablo Neruda

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La lectura de Pablo Neruda ha constituido la parte central de nuestro taller. Hay quien habla del poeta chileno como el Himalaya de la poesía. Probablemente a él le hubiera gustado más una referencia a la cordillera de los Andes, aquella que cierra Chile por un costado y que un día tuvo que cruzar en la clandestinidad para alcanzar la frontera con Argentina, tal y como refirió en su discurso de agradecimiento tras recibir el premio Nobel de Literatura en 1971. Neruda es grandioso, pero al mismo tiempo, Neruda es cercano y accesible: claro como una lámpara, simple como un anillo. Por eso Veinte poemas de amor y una canción desesperada lleva casi noventa años entre nosotros, pero no huele a polilla y a polvo: huele a rosa recién cortada. 


Podemos escuchar al poeta recitando estos versos y otros en el siguiente enlace de la fundación Pablo Neruda.
 
Cuenta Neruda que escribió Una canción desesperada en un esbelto y largo bote abandonado, de no sé qué barco náufrago (…). Encima de mi cabeza el cielo tenía un azul tan violento como jamás he visto otro. Yo escribía en el bote, escondido en la tierra. Creo que no he vuelto a ser tan alto y tan profundo como en aquellos días. Arriba el cielo azul impenetrable (…) Cerca de mí todo lo que existió y siguió existiendo para siempre en mi poesía: el ruido lejano del mar, el grito de los pájaros salvajes, y el amor ardiendo sin consumirse como una zarza inmortal.