miércoles, 13 de noviembre de 2013

22 de octubre, Mario Benedetti

«No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro».
 
                                            Fotografía: Fundación Mario Benedetti

El martes 22 de octubre nos acercamos a la poesía sencilla y vitalista de Mario Benedetti, un poeta popular, leído y releído a lo largo y ancho del mundo: sus libros acumulan la friolera de 1.200 ediciones y ha sido traducido a más de veinte idiomas.

El poeta uruguayo, que en sus recitales llenaba teatros como si se tratara de estrella una del pop, extrae sus temas de la vida cotidiana. Busca así ganar la confianza del lector para hacerlo su confidente, su cómplice o como él mismo afirmó en alguna ocasión, su “prójimo”. Leímos en “Hagamos un trato”:

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

La obra de Benedetti es extensa y generosa. Aborda temas como el amor, la condición humana, el compromiso político y como comentamos tras leer "Soledades", la melancolía:

Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
                                        no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
                                    presoledad.

Después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad.

Ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo.

Sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan

y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo.

Los datos objetivos son como sigue.

Hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola.

Si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buena gente.

Después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad.

Conforme
pero
que vendrá después
de la soledad.

A veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

Entre nuestras lecturas, por la emoción contenida en el silencio con que escuchamos sus versos y el instante de  profunda reflexión que se produjo después, destacamos la elegía “Yo estaba en otro borde”, que Benedetti dedicó a Haydeé:

Yo estaba en otro borde del oceáno
en palma de mallorca y para ser preciso
en la plaza gomila esa buscada
por los marines yanquis
tan borrachitos siempre
y por turistas suecos y franceses
ingleses holandeses alemanes
y hasta por mallorquínes

y en mi balcón entraba una porción de calle
con sus putas de carne
y sus hombres de hueso
y según a qué hora
con luces de neón y mansa fábula
y hasta con una bailaora triste de pacotilla
que anhelante bordaba su agonía febril
sin que ningún piadoso la aplaudiera o mirara

por entonces yo había comenzado
mi duro aprendizaje de españa y me sentía
al garete o al margen
sin otra conjetura o barricada
que mi desasosiego de ultramar
sin más futuro que el de mis azares
sin otra garantía que la de mi resuello

yo estaba en otro borde
sin buenos aires ni montevideo
sin la habana ni méxico
sin quito sin managua
exactamente en la plaza gomila
frente a otro de mis varios telones del exilio

durante el largo día
miraba con el hígado y los bronquios
las uñas y el estómago
y con mis cataratas remendadas

el cielo era de venas azules y finísimas
y las casas tan blancas
con sus enredaderas colgantes y geranios
cual si hubieran nacido ayer o hace dos siglos

en cambio por la noche
miraba con mis hombros y mis labios
mis riñones mis tímpanos mi páncreas
siempre con mis leales cataratas
aunque ahora no tan encandiladas

yo estaba en otro borde
cuando aulló tres socorros el teléfono
y una voz titubeante y remotísima
dijo ayer murió haydée
y volvió a repetirlo
tal vez no tanto para persuadirme
como para de veras persuadirse

ayer murió haydée
dijo en el desconcierto de mi oído
hace cinco años y en aquella plaza
escuchar la noticia era difícil
imposible ligar esa brutal ausencia
con catorce o quince años de presencia
en mi suerte y en mi vida de a pie
haydée abrecaminos sin caminos
haydée mi socia de asma sin su asma
haydée sin esa casa sin su américa
haydée sin el amparo ni la flecha del sol

volví al balcón y fue de noche
no sé por qué de pronto fue de noche
ya no quedaban luces ni fragores
ni bares ni nightclubs ni discotecas
ni las hembras de carne
ni los hombres de hueso
todos habían desaparecido
o acaso se llamaran
a silencio y tiniebla
los suecos y franceses
ingleses y holandeses y alemanes
todos habían desaparecido
y los marines antes que ninguno

en cambio había un malecón de olas
arrolladoras breves y gigantes
olas que no eran del mediterráneo
también había un campo de deportes
fornido de estudiantes
en blanco y negro y en mulato

y más acá muros con cuadros
de venezuela méxico brasil
chile uruguay colombia costa rica
y una arpillera de violeta parra
y dos o tres imágenes argentinas del che
y dondequiera rostros llorando sin escándalo
en esa pobre casa
la casa sin haydée

yo estaba en otro borde
pero esa noche aunque era mediodía
adiviné una nueva provincia de la muerte
y hasta un desconocido formato del amor

sólo en nuestros países tan hogueras
podemos concedernos el dramático lujo
de recibir intacto de la historia
un personaje único encendido de ideas
de inocencia perdones heroísmo
suelta de mariposas y de manos tendidas
al semejante y al desmejante
y consuelos y abismos y tizones
y delirios coraje sufrimiento
y ensueños y bondad

es increíble
pero así sucede
en nuestros pueblos de dolor y olvido
solemos darnos el terrible lujo
de recibir herido de la historia
un indómito y limpio personaje de fuego
y no lograr siquiera
ni acaso merecer
que no se apague

haydée murió es verdad
alguien lo había alojado para siempre
en mi cabeza incrédula
miré hacia arriba a nadie
y sin embargo supe que después
cuando volviese el día
las venas de este cielo
azules y finísimas
se abrirían en lluvia
copiosa
inconsolable


domingo, 10 de noviembre de 2013

15 de octubre, Jaime Gil de Biedma

Otro martes de lecturas poéticas. Ahora cambiamos de poeta, pero no de estilo poético. La poesía de Gil de Biedma, tan íntima y tan obsesiva, es en muchos aspectos el punto de arranque de la poesía de García Montero.


Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos -qué latido
de la sangre en los párpados- y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.
(de Idilio en el café)

Siempre la presencia del tiempo que pasa y que nos va envejeciendo inexorablemente. Y siempre la presencia del cuerpo, el cuerpo mostrándose, haciéndose patente: Pesan las pestañas. No es fácil leer a Gil de Biedma. Hay palabras que nos resultan ajenas, mensajes cifrados para otro, no para nosotros.
Nada hay tan dulce como una habitación
para dos, cuando ya no nos queremos demasiado,
fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo,
y parejas dudosas y algún niño con ganglios,
si no es esta ligera sensación
de irrealidad.
(De Vals de aniversario

Aún así, escuchar sus versos es como oír la voz de un hombre que nos susurra al oído la descripción de sus sentimientos, que muchas veces se confunden con sus sensaciones. Y las de muchos de nosotros.